Publicado en El Mundo, columna Mayoría selecta, 8 marzo 2026.

Javier Gomá Lanzón
Para definir la vida humana, Ortega escribió famosamente aquello de: «Yo soy yo y mi circunstancia». La IA, prodigio de la última tecnología, carece tanto de yo –aunque lo finja contestando las consultas en primera persona– como de circunstancia, esa exterioridad que al resistirse a su deseo le dota de una biografía. Consecuentemente, la IA no está llamada a sustituir a la humanidad, sino a preservarla. Porque liberándola, en unión de la robótica, de las pesadas cargas que la abruman y de tantos oficios serviles, le permite concentrar su atención en aquello que la singulariza de los demás seres: la facultad de crear con la imaginación una segunda naturaleza de carácter simbólico, llamada cultura, menos hostil que la primera a nuestra diamantina dignidad. Alguien lo dijo: no se trata de que yo haga colada y la IA una novela, sino de que la IA haga la colada y yo la novela.


