Publicado en El Mundo, columna Mayoría selecta, 29 marzo 2026.

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Javier Gomá Lanzón

El Derecho regula las relaciones interpersonales, pero deja fuera las más importantes. Como el amor:  la infidelidad no constituye un ilícito ni tampoco la ruptura de la pareja, aunque se produzca por  razones idiotas y derrame dolor infinito en los hijos. Somos libres para traer a este mundo los hijos que queramos sin autorización administrativa, pero sí la necesitamos, en cambio, para conducir un coche. Suicidarse no es punible, pero nos multan por no abrocharnos el cinturón de seguridad, aunque el bien en peligro sea igualmente nuestra vida y esta ley nos proteja… de nosotros mismos, lo cual es antijurídico. Que no se aduzca como título habilitante el gasto público de la atención médica al potencial herido porque, conforme a ese principio, el Derecho podría reglamentar toda acción humana, incluido procrear. El temor al castigo de la ley mueve al esclavo mientras que el libre sólo teme la  propia vergüenza.

FUENTES