Publicado en El Mundo, columna Mayoría selecta, 19 abril 2026.

Javier Gomá Lanzón
Dice Simmel –el Doctor Subtilis de la filosofía contemporánea– que la vida tiene una esencia paradójica: necesita del límite, que se individualiza en una forma, pero al mismo tiempo aspira al rebasamiento del límite y la superación de la forma en una sustancia supraformal. La vida, eso limitado que no conoce límites, es más vida, pero es también más-que-vida. La trascendencia, por tanto, le es inmanente. Aplicado a la vida humana, ser buen padre es más que ser padre, porque quien reduce su paternidad a ser exclusivamente padre acaba siendo mal padre. Igualmente, el mejor artista es el que no se limita a ser puro artista y alimenta su arte del fondo más amplio de su humanidad. Uno se pregunta finalmente si, en buena lógica, la humanidad misma es otro límite más llamado a ser desbordado y está en nuestra esencia sentir la nostalgia de aquello más-que-humano que nos trasciende.


