Publicado en El Mundo, columna Mayoría selecta, 26 abril 2026.

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Javier Gomá Lanzón

El ojo ve con placer y no se harta nunca de seguir viendo. En cambio, nosotros vivimos un solo día y  terminamos cansados, por lo que de noche dormimos para descansar. Lo que pasa en un día se repite en la vida entera. Vivir cuesta, se consumen nuestras fuerzas con innumerables quehaceres y durante la ancianidad –encorvados y apoyados en un piadoso bastón– sentimos el peso de haber vivido mucho tiempo, sabedores además de estar cada vez más cerca del eterno descanso. Como el cansancio final es seguro, el toque está en elegirlo bien. Puede uno aguantar la fatiga a solas o querer compartirla con otra persona. Amar es decirle a alguien: quiero cansarme contigo. Soportaremos el peso entre los dos y descansaremos juntos en el mismo sitio. Feliz quien, al final del día y al final de la vida, pueda  decirse a sí mismo: no me cansé en vano.

FUENTES