Publicado en El Mundo, columna Mayoría selecta, 26 julio 2026.

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Javier Gomá Lanzón

El mercado produce riqueza y la distribuye el Estado, que ingresa mediante impuestos y gasta  conforme a ese plan anual de justicia –jerarquizador de necesidades y recursos– que son los  presupuestos generales. El ciudadano, creador de riqueza, aporta en abstracto sin decidir sobre la  aplicación pública de su contribución. Filántropo es aquel contribuyente que amplía ese plan  redistributivo aportando por voluntad propia unas rentas suplementarias a los fines que prefiera  siempre que sean también de interés general. Con estas dos formas de solidaridad, impositiva y  voluntaria, la justicia conmutativa del mercado se modula con la distributiva del Estado. Aunque, si bien se mira, en las democracias liberales toda solidaridad sería al final voluntaria, porque los  ciudadanos se obedecen a sí mismos y consienten las leyes que aprueban, incluidas las tributarias. De  modo que no sería exagerado decir que, en cuanto contribuyente, cada uno de los ciudadanos es ya un filántropo.

FUENTES