Publicado en El Mundo, columna Mayoría selecta, 1 noviembre 2026.

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Javier Gomá Lanzón

Quien quiera salir de su medianía tiene dos posibilidades: ser excepcional o ser extraordinario. Es  excepcional el excéntrico, el caso único que se pone a sí mismo fuera de norma y se diferencia del  común por una conducta irrepetible que no puede generalizarse. El extraordinario, en cambio, es aquel  que no se excluye de la norma que a todos aplica, sino que la cumple, pero lo hace con tal perfección y excelencia que sobresale del montón. El Clasicismo es extraordinario, el Romanticismo excepcional. La  modernidad ha sido intensamente romántica y ha exaltado la excentricidad de las individualidades privilegiadas con resultados buenos para la cultura, pero ya agotados. Ahora la democracia liberal, que  es igualitaria y repudia los privilegios, prefiere una distinción no excéntrica: la de aquellas vidas  normales y al mismo tiempo sobresalientes que son dignas de imitación, porque, si la sociedad sigue  su ejemplo, crea buenas costumbres y progresa.

FUENTES