Publicado en El Mundo, columna Mayoría selecta, 22 marzo 2026.

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Javier Gomá Lanzón

Toda persona juiciosa es conservadora y progresista: quiere conservar el bien que ya tiene y quiere  progresar adquiriendo el que todavía no tiene. El que ya tiene cuenta con una poderosísima presunción a su favor: que existe, lo que demuestra que por lo menos en algún momento tuvo una razón de ser.  Existir es ciertamente una perfección, lo que justifica un primer momento de prudencia conservadora.  Pero, por otro lado, lo que está en acto no agota todas las posibilidades del ser, cuya potencia contiene  la capacidad de perfecciones futuras. Quien se proponga introducirlas, debe pensárselo dos veces para evitar, a la luz de la presunción mencionada, el riesgo de activismo atolondrado. Pero si, tras cuidadoso
examen, concluye que la antigua razón de ser ha decaído y el perfeccionamiento es posible, entonces es también necesario. En este caso, ser progresista –añadir capacidades potenciales a las actuales– es obligatorio en conciencia.

FUENTES