Publicado en El Mundo, columna Mayoría selecta, 1 marzo 2026

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Javier Gomá Lanzón

Todo el mundo admira la belleza del Partenón de Fidias, los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina o la novena sinfonía de Beethoven, obras maestras del talento individual. Pero solemos cerrar los ojos a la  creatividad aún mayor de algunas producciones colectivas. El lenguaje, por ejemplo. Nos servimos de él  para comunicarnos cotidianamente con los demás tanto como para rimar un soneto sublime o componer un tratado de alta filosofía. Y, sin embargo, instrumento tan excelso no lo ha inventado nadie, es fruto de la interacción interna al grupo. Tampoco tiene fundador la democracia liberal, ese equilibrio sutilísimo y sofisticado entre la voluntad de la mayoría y los derechos de la minoría. Ante innovaciones tan  portentosas no queda más remedio que reconocer al genio de la especie una inteligencia artística propia  que, no pudiendo atribuir a un Fidias, Miguel Ángel o Beethoven, trasciende y supera a los tres.

FUENTES