Publicado en El Mundo, columna Mayoría selecta, 8 febrero 2026.

Javier Gomá Lanzón
Que algunas palabras tengan varios significados arguye a favor de la riqueza expresiva del lenguaje, pero que signifiquen al mismo tiempo una cosa y la contraria –como en «huésped», «sancionar», «lucrativo», «dichoso», «ejemplar», «vacar» o «collado»– ya no es normal. Ahora bien, lo que sea o no normal tampoco está libre de polisemia, pues caben al menos dos interpretaciones distintas, potencialmente contrapuestas. Una sociológica: normal es el hecho más frecuente. La otra valorativa: normal es lo conforme a la norma aunque se dé rara vez o nunca en la realidad, como cuando decimos: «Me da igual que lo haga todo el mundo, esto no es normal». La primera describe el ser, la segunda prescribe un deber-ser. El mundo progresa cuando la normalidad valorativa –lo moralmente deseable en una comunidad– es abrazada por la mayoría y conforma una nueva normalidad sociológica. Propuesta de definición del progreso: transformar la prescripción en descripción.


