Publicado en El Mundo, columna Mayoría selecta, 5 abril 2026.

javier-goma-hero-banner-home2

Javier Gomá Lanzón

Tres hechos anómalos rigurosamente históricos: primero, unos judíos celosos monoteístas proclamaron la divinidad de un contemporáneo ejecutado por el poder rindiéndole culto de adoración; segundo, ese culto minoritario se difundió con desconcertante rapidez hasta ser hoy la religión mayoritaria del planeta;  tercero, el ejecutado poseyó en vida una súper-ejemplaridad que hasta los más acreditados anticristianos admiran (Nietzsche en El Anticristo). ¿Tres hechos autónomos o conectados entre sí? Los primeros cristianos anunciaron un eslabón intermedio que prestaba a la cadena una necesidad interna: el  ejecutado se les había aparecido viviente, inaugurando así la feliz hipótesis de una continuidad de lo  humano, individual y corporal, tras el hiato del sepulcro. El encadenamiento de eslabones, antes piezas sueltas, discurriría así: al poseer una ejemplaridad excepcional, Dios insufló nueva vida al cadáver; su insólita supervivencia convenció a sus discípulos de su condición extrahumana; de esta condición se sigue el triunfo planetario de su fe.

FUENTES