Publicado en El Mundo, columna Mayoría selecta, 28 junio 2026.

Javier Gomá Lanzón
Cuando leemos una novela, cada nuevo capítulo nos incita a imaginar el final y a captar el significado del conjunto, mientras que este conjunto, anticipado mentalmente, ilumina nuestra comprensión del capítulo. Es el llamado círculo hermenéutico, ese ir y venir entre la parte y el todo característico de la primera lectura de un libro. En la segunda ya no sirve porque conocemos el final: sin el suspense del qué pasará, nos abandonamos a la serena delectación de cada página. Lo mismo ocurre con el libro de la vida: lo leemos por vez primera en la juventud tratando de adivinar el todo; cuando, decenios después, entramos en la edad de su relectura, la vida ya no nos intriga y procuramos gozar cada hora. La existencia, sin la circularidad de antes, es más plana, pero también más clara: sabemos con precisión qué bienes amamos y sólo queremos que nadie les haga daño.


