Publicado en El Mundo, columna Mayoría selecta, 11 octubre 2026.

Javier Gomá Lanzón
Todos queremos quedar por encima. Los elogios nos elevan al cielo del reconocimiento, pero no recibimos tantos como necesitamos para permanecer arriba. No pudiendo subir más, sólo nos queda tratar de que bajen los otros. De ahí la propensión universal a la censura del comportamiento ajeno. Diferente, en cambio, es el juicio que se formula, no para obtener una ventaja comparativa, sino con vistas a un ideal. La buena crítica nace de constatar la distancia que separa lo que es de lo que debe ser, las imperfecciones observadas en la realidad de la perfección intuida por la conciencia. Cuando esa distancia se hace excesiva e insoportable, procede la denuncia de la situación injusta y la propuesta de medidas para su reforma. Pero si al denunciante le falta esta visión del ideal –un modelo teórico que ofrece una alternativa práctica de mejora–, entonces no es un crítico sino un simple criticón.


