Publicado en El Mundo, columna Mayoría selecta, 18 octubre 2026.

Javier Gomá Lanzón
De las especies vivas, la humana es la que mejor ha sabido adaptarse al medio natural: emancipada de la región donde surgió, se ha extendido por los cinco continentes, puesto a su servicio al reino animal y vegetal, explotado los recursos energéticos de ambos hemisferios y urbanizado el planeta de uno a otro confín. Pero, por otro lado, la humana es también la más inadaptada de las especies, porque, incluso en su madurez, permanece en estado semiembrionario, sin pelaje ni órganos de defensa, está equipada de instintos inseguros y, no sin angustia, conoce su propia muerte. ¿Qué finalidad evolutiva cumple este conocimiento de su destino? Al tomar conciencia de la crueldad de la naturaleza, que le niega el trato que su distinción merece, está obligada a crear una segunda acorde a su dignidad, transformando la primera con herramientas técnicas o sublimándola con formas simbólicas. Esta segunda naturaleza es la cultura.


