Publicado en El Mundo, columna Mayoría selecta, 31 mayo 2026.

Javier Gomá Lanzón
Si planeo visitar París, me hago con un mapa de la ciudad y programo mi agenda para aprovechar al máximo la estancia allí. Lo mismo sucede con la filosofía cambiando París por el mundo en general. El mapa es la ontología, que pregunta qué hay en el mundo y contesta definiendo el ser; la agenda es la pragmática, que pregunta qué hacer con lo que hay y contesta proponiendo un ideal. Estas contestaciones ayudan a comprender la dimensión del extravío de la filosofía contemporánea. En lugar de definir el ser, su tema favorito es hoy la analítica del poder y el desenmascaramiento de sus coloridos disfraces; en lugar de proponer un ideal, que enuncia un deber-ser, se entretiene en describir el ser y sus variadas tendencias. La filosofía deserta de su esencia y se confunde con la sociología, con lo que la tarea que le está encomendada queda sin hacer.


