Publicado en El Mundo, columna Mayoría selecta, 12 julio 2026.

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Javier Gomá Lanzón

Cuando uno hace lo que dice, el discurso confirma el acto: un pacifista que es pacífico. Pero cuando hacer y decir difieren y el pacifista resultó ser pendenciero y agresivo, señalamos la contradicción y  concedemos preferencia al acto sobre su discurso. ¿Por qué? La validez de las teorías científicas es  independiente de la persona del científico, ¿por qué no las morales? Porque aquí la coherencia  meramente lógica del discurso decae ante la fuerza superior del ejemplo sin el cual dicho discurso es  «campana que resuena o címbalo que retiñe». Predicar con el ejemplo significa que sólo el ejemplo predica, que en el terreno moral sólo el caso concreto posee verdad y la da a conocer a la intuición, no los conceptos abstractos ni sus definiciones. Si desapareciera del mundo el ejemplo de paz, no  conseguiríamos ser pacíficos ni con ayuda de todos los tratados compuestos por los más preclaros moralistas.

FUENTES